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GH16: El huracán Maite

Martes 15 de Septiembre de 2015 16:51
 

GH16: El huracán Maite

Siempre, en todas las ediciones de Gran Hermano, hay algún concursante iluminado que deja ir la frase mágica a las primeras horas de convivencia: "Esta va a ser la edición del buen rollo, qué bien nos vamos a llevar". Normalmente suelen pasar varios días hasta que se monte el primer pitote en la casa -cuando no semanas-, pero en esta ocasión sólo han tenido que pasar 24 horas para que la casa de Gran Hermano se convierta en lo más parecido al infierno en la tierra. La bomba estalló anoche, a eso de las 3 de la madrugada, cuando Maite entró en brote porque no podía dormir. ¿La causa? El follón que armaban sus compañeros de encierro.

Gracias al bendito minutado de la web de Telecinco y al no menos bendito 24 horas hemos podido hacer un seguimiento bastante pormenorizado de las últimas horas, en las que han pasado más cosas que en casi toda la edición anterior de Gran Hermano. Agobiada por no poder conciliar el sueño, Maite se fue al confesionario a quejarse del escándalo que armaban sus compañeros. Poco se imaginaban sus compañeros la que se iba a liar cuando la navarra saliese del confesionario, un infierno que todavía está teniendo lugar en Guadalix.

Como si se le hubiese soltado el conector cerebral que mantiene a una persona cuerda, Maite comenzó a arremeter contra sus compañeros de encierro sin ningún tipo de reparo. "Tengo sueño y se me tiene que respetar", "cuando está rebotado el toro, es peligroso, mete el asta" o "soy paciente pero cuando reviento, tiembla la casa entera" fueron algunos de los reproches que salieron por esa boca llena de dientes que tiene. Y no contenta con el sarao que estaba montando, terminó su momento Raquel Mosquera increpando a su falso hijo con un apoteósico "Estás del lado de tu padre. Le quieres más a él".

Ante tal arrebato de enajenación, la casa reaccionó con una mezcla de estupor e indignación. Algunos ni se creían la que se estaba montando y otros alucinaban con el comportamiento de Maite, de quien llegaron a dudar que hubiese pasado satisfactoriamente las pruebas psicológicas. Por suerte, llegó la noche y todos se acostaron confiando en que todo quedase como un mal recuerdo. Pero Maite, cual pájaro de mal agüero, advirtió: "Vuestro castigo tendréis, no os preocupés. Que os den por culo". Y vaya si lo están teniendo: Maite lleva todo el día pegando voces, cantando, gritando y hablando sola, para desesperación de sus compañeros y alucine de la audiencia, que no nos podemos creer que semejante espectáculo esté montándose ya en Gran Hermano.

Una cosa está clara: Maite es lo mejor que le ha podido pasar, televisivamente hablando, al arranque de esta edición Gran Hermano. La gala de presentación ya dejó más que buen sabor de boca pero, seamos sinceros, todo apuntaba a que estaríamos semana y media con conversaciones intrascendentes, inocentes coqueteos y conatos de carpeta. Es decir, más de lo mismo. Los secretos y la manera de sobrellevarlos podía marcar la diferencia, pero nadie contaba con el factor Maite. La navarra ha decidido quemar todos sus cartuchos nada más comenzar el concurso y jugar el papel de perturbada desde el principio de su estancia en la casa.

Porque sí, Maite está haciendo un papelón sin precedentes en las dieciséis ediciones de Gran Hermano. La conductora de autobuses -miedo me daría a mí encontrarla al frente de uno al subir, ya os lo digo- parece haber entrado en Gran Hermano decidida a arrasar con todo lo que se le ponga por delante y a conseguir que todos sus compañeros le nominen con la esperanza de ser la primera expulsada. ¿Con qué finalidad? Con la de hacerse algún Deluxe, empezar a pasearse por La Posada, que le propongan bolos, defender a su hija desde fuera o alimentar su personaje desde el plató enzarzándose con el primero que se le ponga por delante. Y es que yo, amigos, me niego a creer que Maite esté tan pirada como aparenta.

En Gran Hermano uno puede concursar de muchas maneras: con una estrategia maquiavélica calculada al milímetro para hacerse con la victoria, con la intención de ser insoportable para dar mucho que hablar fuera de la casa, con la voluntad de mimetizarte con el entorno y no abrir la boca hasta la penúltima semana o incluso ir con el lirio en la mano y dedicarse a verlas venir, es decir, a seguir los preceptos de La Pelopony: atreviéndote a sentir. Todas estas maneras son igual de lícitas y pueden hacer ganar mucho dinero -que al final es a lo que se va a Gran Hermano-, y Maite ha elegido la de ser un grano en el culo.

Veremos cuánto aguanta la tortura navarra, pero lo que está claro es que en estos momentos no me cambiaría por nadie de esa casa.

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