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Y 'Girls' llegó a su cenit

Jueves 2 de Marzo de 2017 16:03
 

Y 'Girls' llegó a su cenit

*Atención: Este post contiene spoilers del tercer episodio de la sexta temporada de 'Girls'. Si aún no lo has visto, no sigas leyendo o hazlo bajo tu propia responsabilidad (que bastante responsabilidades mías tengo ya como para cargar con las vuestras, guapas).

Siempre he mantenido una relación de amor-odio con Girls. Y el odio viene generado, principalmente, por lo insoportables que me parecen Jessa, Marnie y Hannah. Especialmente Hannah. No puedo con sus inseguridades, con su inmadurez, con su ineptitud y con sus caprichos de hija única. Aguantar seis temporadas así no es sencillo: tras cada season finale siempre me he prometido a mí mismo no volver a dedicar a Girls ni un minuto más, pero al final acabo cayendo. Y la poca consistencia de estas promesas ha tenido su justa recompensa: el tercer episodio de la sexta temporada, el mejor de toda la serie.

Después de ver American Bitch no me queda ninguna duda de que Lena Dunham es una excelente narradora. En poco más de veinte minutos de duración, este episodio resume de manera magistral cómo la sociedad juzga el acoso sexual, cómo es percibido, cómo se llega a victimizar al acosador y lo más peligroso de todo: cómo la impunidad de la que gozan los agresores permite que el acoso siga adelante.

En un tête-à-tête que debería ser estudiado en cada asignatura de guion audiovisual de todas las facultades de comunicación, Hannah acude al apartamento de un escritor famoso después de que ella haya escrito un artículo poniéndole de vuelta y media. ¿El motivo? Un post en Tumblr en el que una chica revela que el escritor ha abusado de ella sexualmente.

Él, herido y molesto por el hecho de que Hannah haya decidido creer a pies juntillas el testimonio de la joven sin haber consultado a más fuentes, espera una disculpa por ese artículo (uno de los muchos que se han publicado). De repente, él se nos muestra como la víctima: está tomando pastillas para dormir porque no puede con la presión mediática, afirma que la chica subió a su habitación de hotel sin que nadie le obligara, cuestiona el concepto ‘mamada forzada’... Su locuacidad, su encanto, su atractivo, su cultura y el apartamento en el que vive (¿cómo puede ser un violador alguien que tiene un piso tan cuco?) hacen que le creamos. Y sí, llegamos a pensar que la chica iba provocando.

A Hannah le cuesta un poco más. Incluso llega a regalarnos un speech excepcional en el que explica cómo un masaje no consentido en los hombros es acoso sexual y cómo el género masculino cierra filas por defecto para defender a sus congéneres y no condenar actitudes violentas (sí, tocar a alguien que no te ha dado permiso para ello es violencia). Pero al final Hannah acaba creyéndose también al escritor y es allí donde él empieza a tener la sartén por el mango.

De repente, su encanto aflora: ya no es un pervertido, ahora es alguien tratado injustamente que necesita protección y que encima te regala una de sus posesiones más preciadas. ¡Qué majo, el hombre! Pero cuando Hannah ya está en sus redes y él la tiene exactamente donde quiere, se saca el pene y se lo pone en el muslo.

La llegada de su hija corta el momento. Sí, el acosador tiene una hija. Adolescente. Y guapa. Mientras la niña toca el Desperado de Rihanna con su flauta travesera, Hannah mira al escritor y piensa lo que todos nosotros: ¿Cómo puede este tipo ser así teniendo una hija adolescente? ¿No ve que cualquier tío podría hacerle eso a su hija? ¿No le molestaría? ¿Cómo es posible?

No, no soy mujer. Pero el 90% de la gente con la que trabajo -jefa directa incluida- pertenecen a este género. Veo muestras de mansplaining cada día, veo diferencias de trato constantemente, veo miradas condescendientes y micromachismos con más frecuencia de la que me gustaría. Y es este machismo subyacente el que sigue en nuestro día a día, en nuestras oficinas, en nuestras casas. Es este el machismo execrable que Girls retrata en el S06E03. El machismo del siglo XXI.

Girls no es perfecta: todas son blancas, viven de manera acomodada en Manhattan gracias a sus papás, a su trabajo o a vete tú a saber qué. Sus amigos son también todos blancos, se mezclan con intelectuales y artistas y su mayor problema es que el chico que les gusta no les hace caso. Pero Girls es mucho más que esto: no es una serie buena, es una serie de culto. Lena Dunham ha hecho de su serie un producto que, cuando dentro de unos años echemos la vista atrás, consideraremos un retrato muy acertado de nuestra confusa generación.

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