
Y aunque se que esto es difÃcil que lo pueda leer, se lo dedico a todas esas personas que se creen especiales sin serlo, a esas personas que miran con la misma cara de prepotencia que han tenido siempre, y que se creen Marylin Monroe, siendo princesas desterradas con tacones que pisan bahorrina. Va por vosotras.
Estabas ahà haciéndote la disimulada. Pensando que te miraba y que eras tan especial y tan transcendental en mi vida como tiempo atrás. Pero no te equivoques, desde el primer dÃa en que nos dijimos adiós, y con la decepción que acompañó a ese adiós, hiciste que en ti no viera a la persona especial que te decÃa que eras tiempo atrás. Jamás fuiste especial y como tal, fui yo el tonto y el idiota por creer lo contrario.
Mirabas con esa cara de felicidad que has tenido siempre, esa cara de hipocresÃa, de odio, de envidia. Siempre fuiste una persona envidiosa, siempre quisiste ser la más y te quedaste en el intento. Valoro tu inteligencia, soy consciente de que tu inteligencia es mayor que los menos de dos dedos que tienes de frente, pero una inteligencia como la tuya es atroz. Y de eso, hace tiempo que se que no lo quiero en mi vida.
Puede ser que el que lo pasara mal fuera yo, pero aprender a distinguir entre personas y bichos cruentos me sabe a glorÃa. Contigo aprendà la mayor mejor lección de mi vida, aprendà que Rahab, la ramera, no solamente aparecÃa en el libro sagrado para los cristianos y para los judÃos, sino que la tenÃa demasiado cerca.
Gracias por todas las lecciones que me diste, espero que todo el mundo tenga en su vida en algún momento a alguien que se crea Marylin Monroe, siendo una princesa desterrada con tacones que pisa bahorrina, porque después vivir sin ellas es gratificante.
Por cierto, el vestido que llevabas era de temporada pasada y además no te quedaba bien.
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