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No deberíamos quejarnos después del resultado de nuestras decisiones

Lunes 21 de Septiembre de 2015 09:00
 

Muchos opinan, tanto dentro como fuera de la casa, que Maite es una pieza de valor para este engranaje que es la decimosexta edición de Gran Hermano. Lo cierto es, que esta teoría podría venirse abajo el próximo jueves si los que tienen que votar no lo hacen. No sería la primera vez: aún recuerdo la novena edición de este concurso, cuando Amor se convirtió en la primera expulsada para disgusto de cientos de internautas que defendían el juego que la canaria proporcionaba diariamente. Ocurrió lo mismo hace unos meses, cuando Olvido Hormigos salía por la puerta frente a un nominado agridulce como Israel Lancho. Los hechos nos demuestran que el único remedio para que esto no pase y así evitar que el aburrimiento llegue antes de tiempo, es votar contra el rival del jugador que nos está entreteniendo.

Ayer en el debate nos ofrecieron los porcentajes correspondientes a las tres nominadas de esta semana. 61%, 30% Y 9%. Lo que desconocemos por el momento es la identidad que se esconde tras estos datos, aunque muy a pesar, intuyo que el porcentaje mayoritario corresponde a la madre de Sofía. Ojalá me encuentre en un error, pero prefiero no hacerme ilusiones. No obstante, hay días de sobra para que todo cambie, pero los amantes de este formato no deberían bajar el ritmo. Sería un error expulsar a Maite en estos momentos, sobre todo porque forma parte de varias tramas que podrían tener aún mucho recorrido de permanecer ella en la casa. Sofía es la otra nominada que bajo mi punto de vista debería aun continuar en este programa. Madre e hija se encuentran en el centro de una serie de disputas que mantienen a este chiringuito con vida, y es que no quiero imaginarme a Raquel otra semana más con sus paripés dentro de la casa.

La extremeña lleva desde el jueves representando el papel de su vida. Verdaderamente no puede caer más bajo; la hemos visto llorar hasta el extremo y repitiendo una y otra vez los defectos de Maite. Hemos tenido que soportar un teatrillo lamentable en el confesionario, fingiendo la concursante un claro ataque de nervios. Raquel no está aprovechando la oportunidad de ser concursante de Gran Hermano. Se está perdiendo en su ambición de quedarse a toda costa, sin ser consciente de que no le servirá de nada vencer a sus dos rivales si tampoco se da a conocer. Por el contrario, Maite y Sofía se están pringando a pesar de estar en la palestra esta semana. Ellas viven este concurso sin importarles las circunstancias en las que se encuentran. Podrían haber decidido pasar desapercibidas para evitar los votos de la audiencia pero han optado por fomentar ese espectáculo del que debe formar un buen concursante de Gran Hermano. Para bien y para mal, Maite y Sofía están acaparando toda la atención de los que minuto a minuto siguen este formato. Sería un pecado prescindir de ellas, una faena que terminaríamos pagando nosotros al perder grandes dosis de entretenimiento.

Finalmente, será la audiencia la que decida el destino de las tres nominadas. Un destino que marcará la convivencia dentro de esa casa. Podemos ponérselo fácil a concursantes como Suso o podemos presionarles para terminar de ver su verdadera cara. Tenemos la posibilidad de hacer reaccionar a los muebles gracias al volcán que generan concursantes como Maite, o podemos formar parte de un auto-boicot generalizado y dejar marchar a la primera de cambio a una concursante que se ha convertido en la gran protagonista de esta edición. De todos nosotros depende, pero si somos consecuentes, no deberíamos quejarnos después del resultado de nuestras decisiones. Votemos con cabeza.

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