Llegan nuevas frases memorables en la serie de Los Hombres de Paco, con la puesta en escena de las dramáticas del capÃtulo 102, Vengo con tres heridas, tras la exposición de las cómicas. Las frases dramáticas serán más numerosas que las cómicas, tras que las de este último género resultaran ser bastante más reducidas de lo habitual, propiciando al capÃtulo un toque más serio de lo normal. A continuación, procedo a exponer las frases dramáticas.
La siguiente escena tiene lugar en el dormitorio de la vivienda de Sara, entre esta y Aitor. Un cordón policial rodea a la cama en la que se encuentra postrada Sara, mientras Aitor está de pie, con una placa de policÃa en la mano, y, en el escritorio hay una serie de pruebas policiales puestas ahà a posta por Aitor...
Aitor: Apartense, policÃa, circulen, aquà no tiene que haber nadie, todo el mundo fuera, los periodistas que están ahà que salgan y a tomar por el culo, venga, fuera. (realmente no habÃan periodistas en la habitación, sino que Aitor simulaba que los habÃa) Y tú no me grabes (mostrando la placa de policÃa a Sara, como si fuera la que hace de cámara, que se acababa de despertar), a mà no me grabes, eh, policÃa. PolicÃa. (Sara se reincorporó lo suficiente en la cama como para poder observar a Aitor) Que nadie cruze esta lÃnea que está aquà (señalando con ambas manos el cordon policial) ¿Vale?, porque esto no es una puta atracción de feria, aquà se ha cometido un acto salvaje de amor (Sara sonrió a Aitor, para acto seguido reÃrse) Y no quiero que nadie me joda las pruebas... (dijo, señalando las pruebas en el escritorio) ni me ensucie el escenario (Sara se tumbó en la cama, haciéndose la muerta. Aitor cogió una grabadora y le dio al botón para grabar...) AquÃ... Aitor Carrasco (sonrió y se tumbó en la cama, junto a Sara) Parece que las-que las heridas que tiene la vÃctima se las han hecho con un arma blanca de unos... 20 centÃmetros (Sara se echó a reÃr por estas últimas palabras de Aitor, sorprendida) Por lo menos
Sara: ¿20? (mientras se reÃa)
Aitor: SÃ, uno pa'rriba otro para abajo, 20 centÃmetros (Sara no podÃa parar de reÃrse, el dato de los 20 centÃmetros le habÃa causado mucha gracia)
Sara: SÃ... (en tono irónico y a su vez, bromista, ya que continuaba riéndose)
Aitor: Parece ser... que la vÃctima debió oponer resistencia... (Sara negó con la cabeza ante estos comentarios de Aitor) ¿No? (mientras negaba con la cabeza, en señal de duda, a Sara. Posteriormente, Aitor le bajó la sábana a Sara y dejó al descubierto su parte baja del pecho) En la parte abdominal..., vamos a ver, tenemos... uno (besó en una parte del cuerpo a Sara), dos, tres... y cuatro besos (besó a Sara en otras posiciones de su cuerpo) Parece ser que el homicida se ensañó a besos..., (Sara asintió con la cabeza) asà que tenemos... a una especie de... sádico depravado... (dijo, sujetando la grabadora en todo momento) que como puedo ver le arrancó el tanga a la vÃctima (mirando por debajo de una sábana que tenÃa Sara puesta encima)
Sara: Ven (tras hacerle una señal con el dedo como indicando a Aitor que se acercara a ella) Y el sujetador también (le dijo a Aitor en el oÃdo, una vez este se encontraba muy cerca de ella. Acto seguido, Sara se quitó la sábana que tenÃa en el pecho y tanto ella como Aitor se rozaron con los labios varias veces)
Aitor: Con permiso del juez... voy a proceder al levantamiento del cuerpo. Y van a estudiarlo más detalladamente... y más profundamente (mientras tanto, Mariano, en la casa de Paco, fue con una cara de radiante felicidad hacia este último, con su móvil en la mano)
Mariano: Noticia, notición. Alguien tiene una noticia de portada de periódico
Paco: Y que sÃ, que grabamos un directo de televisión en comisarÃa, (a mitad de explicación, Mariano se rió, mirando abstraÃdo a otro lado por un instante) para eso me estoy poniendo la corbata
Mariano: No,no,no,no,no, mucho mejor que eso, Paco. A-a ver si lo adivinas. Su apellido tiene... (empezó a contar con los dedos para calcular las letras) 9 letras. Si fuera un color serÃa el rojo (por otro lado, en la casa de Sara, esta y Aitor se empezaron a besar lentamente, con ternura)
Paco: Que no estoy yo pa jugar al veo veo...
Mariano: Veo, Paco, (interrumpiéndole) si fuera un animal serÃa un león. O no sé, quizás serÃa un, un rinoceronte
Paco: ¿Me quieres contar qué esta pasando, Mariano?
Mariano: (se acercó a Paco y le ajustó la corbata) Es Lucas, Paco. Lucas Fer-nán-dez. Que viene, Paco. Ya está aquÃ. Bueno, bueno, no está aquà (rectificando sobre la marcha), está embarcando en Vancouver pero... pero mañana está aquÃ. Que viene a la boda de Pepa... y de Silvia
Paco: ¿Pa-para quedarse? (dijo, emocionado)
Mariano: SÃ, Paco, pa quedarse (Paco sonrió, entusiasmado, y abrazó a Mariano, quien también estaba muy contento)
Paco: Verás cuando se lo-se lo cuente a Sara. Va a flipar (nuevamente abrazó a Mariano) Se lo voy a- se lo voy a contar aho-ahora mismo, ¿vale? (salió de la casa a toda prisa, para dirigirse directamente a la de su hija. Cuando llegó, tocó la puerta de entrada pero ni Sara ni Aitor oyeron nada. Paco abrió la puerta, que no estaba cerrada con llave, y entró en el interior) ¿Sara? (una vez más, nadie oyó nada. Paco fue hacia la habitación de Sara, tras visualizar una foto en blanco y negro de Lucas, ya que pensó que podrÃa estar allÃ, para contarle la noticia del regreso de Lucas. Pero cuando Paco abrió la puerta de la habitación de Sara, se encontró a esta y Aitor en pleno acto sexual...)
Sara: ¡Papá! (gritó, asustada, tapándose rápidamente con la primera sábana que pilló a mano)
Aitor: Me cago en la puta... (Paco miró a Sara, consternado por lo que acababa de ver, Aitor por su parte se llevó una mano a la cabeza. Paco salió del dormitorio de Sara, cerrando la puerta tras de sÃ, sin decir nada. Sara se sentó en la cama, atemorizada, y Aitor la intentó abrazar para calmarla...) Eh, Sara, Sara, Sara (Sara jadeó, con el miedo palpable en su rostro, mirando en dirección al vacÃo...)
Enfrente de una tienda de complementos de moda de verano llamada Calzedonia, comienza una charla entre Aitor y Pepa, que tiene lugar, en gran medida, en el interior del establecimiento...
Aitor: Para, Pepa, de verdad, que... que yo no sé que hago aquÃ, yo no tengo ni puta idea de bikinis. Joder... (se quejó, en vista de que Pepa le llevaba de la mano al interior de la tienda)
Pepa: ¿Entonces tú qué haces cuando vas a la playa, Aitor? ¿Qué vas, con los ojitos cerrados? Si lo que estoy buscando es... el bikini más sexy para mi luna de miel. Tú lo que tienes que hacer es quedarte ahà y mirar, y cuando encuentre el que busco... no hace falta que me digas nada. Si te lo voy a notar en la cara (se marchó a los probadores a ver como le quedaban los diferentes bikinis que habÃa cogido)
Aitor: Oye, Pepa... (cuando Pepa ya se hallaba en el interior del probador, con la cortina echada, sin que Aitor pudiera verla) ¿Tú cómo... cómo... reaccionarÃas si algún dÃa te pillan ahÃ..., (miró hacia las personas que pudiera tener cerca suya, por si habÃa alguien observándole, para no llamar la atención por lo que pudiera comentarle a Pepa) vamos, dándolo todo con tu pareja en la cama? (Pepa abrió rápidamente la cortina y miró a Aitor, con gesto serio. Mientras tanto, en el bar de los Cachis, en la barra, Silvia y Sara mantenÃan una charla sobre el mismo tema...)
Silvia: ¿Que te han pillado con Aitor? (Sara asintió con la cabeza, con cara triste. De pronto, Leo apareció con una bandeja en sus manos, y habló, dirigiéndose a Sara y Silvia)
Leo: Os dejo esto por aquà para que os amenicéis el dÃa (dejó la bandeja encima de la barra, al lado de Silvia y Sara, después las dejó a solas)
Silvia: Sara, pero a ver, hay una cosa que se llama pestillo y la otra dos dedos de frente
Sara: Ya lo sé, Silvia. Yo que sé, fue todo muy rápido, entró sin llamar... Nos pilló ahà a la mitad (Leo no pudo evitar oÃr parte de la conversación mientras realizaba sus tareas laborales y echó un vistazo breve hacia Sara y Silvia, preocupada por ellas)
Pepa: (saliendo del probador de la tienda con un bikini puesto) Mira, que mono, eh, para un paseillo playero (se dio la vuelta para mostrarle a Aitor el bikini en su totalidad, tanto por delante como por detrás) ¿Te gusta? Bueno,¿y-y de qué estábamos hablando, del coito o... o del pos-coito? (echó una breve risa mientras decÃa lo del "pos-coito" y seguidamente volvió a meterse en el probador, corriendo la cortina)
Aitor: De mitad de coito, con parafernalia, de... gritos y... y vamos, lo-lo-lo que vienen siendo las embestidas (una chica miró con mala cara a Aitor mientras salÃa del probador que habÃa al lado del de Pepa. Esta, por su parte, salió de los vestuarios con un nuevo bikini puesto, este de color completamente amarillo)
Sara: (en los Cachis) ...a horcajadas
Silvia: ¿A horcajadas? (Sara asintió tÃmidamente, con resentimiento) Pues menos mal que no tenÃa la pistola en la mano (ingirió uno de los bollos que Leo les habÃa dado)
Pepa: (saliendo del probador de la tienda una vez más, teniendo puesto un tercer bikini) ¿Cómo se lo ha tomado mi hermano?
Aitor: Ese no está mal, eh (le dijo, señalando al bikini) A ver, date la vuelta (Pepa se dio la vuelta) A mà me gustan todos, eh (dijo, olvidándose por un momento del incidente con Sara)
Pepa: ¿Cómo, Aitor?
Aitor: No lo sé
Silvia: (en los Cachis) ¿Y qué vas a hacer?
Sara: No lo sé
Pepa: (en la tienda) ¿Y vas a hablar con él?
Aitor: No lo sé, Pepa
Silvia: (en los Cachis) Pero vas a hablar primero con Lucas...
Sara: No lo sé, Silvia, no lo sé (interrumpiendo a Silvia bruscamente, elevando su tono de voz para decir aquello) No sé lo que voy a hacer, no sé lo que voy a decir, no sé con quien estoy. ¿Con el que me acabo de acostar o con el que me está montando la casa? ¿Con el que me da besos por las mañanas o con el que me manda flores? (a Silvia le afectó la noticia, se llevó una mano a la cabeza y miró a todas partes, quedando sorprendida con todo aquello) ¿Con mi marido... o con mi amante? ¿Con quién estoy, Silvia? (por su parte, en la tienda, Pepa salió una vez más del probador con un cuarto bikini puesto, en esta ocasión de un color completamente negro. Al ver la sonrisa de Aitor al vislumbrar su bikini, Pepa asintió con la cabeza. Se dirigió al mostrador de la tienda y postró varios bikinis...) Me llevo este (poniendo en primer lugar el negro sobre la mesa) Y este (puso el amarillo) Y este también (el último que puso fue uno multicolor) Es que me caso mañana (le dijo a la dependienta con una amplia sonrisa) Mira, Aitor. 1997, en la comunión de Sarita (sacó su cartera para pagar a la dependienta las prendas), Don Lorenzo, mi padre y Paco y nos trincan dando en un muerdo en la boca a Silvia, y no pasó nada. Gracias (le dijo a la dependienta, cogiendo las bolsas con las prendas dentro, una vez hubo pagado) Sólo... 7 años sin hablarme (dirigiéndose de nuevo a Aitor y una vez le hubo dicho esto, fue hacia la salida del establecimiento)
Aitor: Muy bien (Pepa detectó el tono irónico en que dijo Aitor aquello y se giró hacia él)
Pepa: Venga, Aitor. Alegra esa cara, ¿vale? Que todo pasa. De verdad. Vamos (Aitor recibió una llamada a su teléfono móvil justo cuando este y Pepa iban a salir de la tienda. Era Curtis)
Aitor: SÃ, dime, Curtis (en el bar de los Cachis, se presentó Rita, que se dirigÃa a toda prisa, angustiada, hacia donde estaban Silvia y Sara)
Rita: Princesicas..., tenemos que ir para comisarÃa, hay un individuo que se ha propuesto matar a alguien en directo por televisión. ¡Corre, corre! (salió corriendo del bar, siendo seguida por Silvia y Sara)
Aitor: (en la tienda) Vamos para allá (colgó la llamada)
Pepa: ¿Qué pasa?
Aitor: Pepa, vámonos cagando ostias
Pepa: ¿Qué pasa, Aitor?
En la sala principal de la comisarÃa de San Antonio hay una situación lÃmite en la que un hombre llamado Ernesto tiene secuestrado a un ciudadano inocente y está dispuesto a matarle en breves minutos, para demostrar la incompetencia de la policÃa en su trabajo en la protección del ciudadano. Paco, en vista de que ni Montoya ni Don Lorenzo se encuentran en la comisarÃa, se queda al mando y ordena a todos sus hombres una tarea para intentar localizar al secuestrador, a todos menos a Sara y Aitor...
Aitor: Me cago en la puta... (dice, contrariado al ver que Paco no le mandaba nada que hacer)
Paco: Venga, vamos (después de dar instrucciones a Rocamora)
Aitor: Paco, perdóname que... (situándose Aitor al lado de donde Paco se encontraba, impidiéndole el paso, ya que se dirigÃa hacia donde se le cruzó el joven policÃa) Que es que no sé si nos has visto ahà a Sara y a mÃ, que estaba-estábamos a tu lado, vamos, que... (no supo por donde continuar y Paco emprendió su camino hacia el piso superior, pasando por delante de Aitor en el proceso) Lo-lo digo porque llevo una reglamentaria en la cartuchera. ¿Vale? Tengo dos brazos (iba detrás de Paco mientras le hablaba, ya que este último no atendÃa a Aitor y continuaba firme su camino), dos piernas, estamos de servicio y somos los dos únicos gilipollas que no tenemos una puta orden, Paco (se puso delante de Paco para detenerle) Y los dos sabemos porqué. ¿Estaba con tu hija? SÃ. ¿He estado más veces con ella? SÃ, Paco, he estado más veces con ella (Paco se acercó peligrosamente a Aitor, muy serio) Pero se acabó... el seguir haciendo el gilipollas, se acabó el alegrarme porque Lucas le va a comprar un chalecito, se acabó elegir su puto colchón, Paco, se acabó. Y si no me quieres volver a hablar pues... me va a joder, Paco. Me va a joder y mucho. Pero yo no puedo pedirte perdón. No puedo pedirte perdón (frenando a Paco poniéndole la mano en el pecho, que se disponÃa a marcharse sin dirigirle una sola palabra a Aitor), Paco, porque no me arrepiento de lo que he hecho. Y no me arrepiento de estar con Sara, Paco (Paco observó a Aitor unos instantes, sin cambiar en absoluto la expresión de su cara, luego vio a la mano de Aitor, que le estaba sujetando el pecho, y este último, captando el gesto, le soltó inmediatamente. Paco pasó por delante de Aitor una vez más, le observó un momento, se llevó las manos a la cabeza, bastante afectado, y acto seguido subió por las escaleras centrales de la comisarÃa. Aitor dio un golpe a una de las mesas con la mano, furioso...)
En el laboratorio de la comisarÃa, Silvia y Pepa se encuentran trabajando en un ordenador portátil, en la localización del secuestrador, Ernesto, que tenÃa retenido a un rehén y emitÃa a través del programa de "El Filo de la Calle" los acontecimientos referidos a este suceso...
Pepa: ¿Qué, Silvia, podemos averiguar algo inspeccionando la web?
Silvia: Bueno, estoy intentando averiguar la dirección IP del servidor haciendo un trancer. Y a ver si nos da la conexión que está utilizando a ver. (le dio a una tecla en el ordenador, probablemente al botón ENTER) Ha iniciado el rastreo. (suspiró)Ahora hay que esperar (en la pantalla del ordenador podÃa leerse "BUSCANDO...")
Pepa: (también suspiró) ¿Y has hablado con Sara? ¿Está bien?
Silvia: Pues mira, aún no está tomando Valium para dormir ni tiene ataques de angustia pero... (negó con la cabeza y miró a Pepa, angustiada) No, no está bien
Pepa: No lo entiendo. Porque no se acaba el mundo, eh. Estas cosas pasan, se va Lucas, viene Aitor... y punto
Silvia: Ya, Pepa, pero si habÃa una cosa segura y para siempre en esta vida era la historia de Sara y Lucas. Y mira, en un año y medio a la mierda (miró nuevamente a la pantalla del ordenador, pulsando una tecla en el ordenador, con la moral por los suelos. Pepa se acercó a donde estaba Silvia)
Pepa: ¿Estás bien?
Silvia: (volvió a observar a Pepa, bastante preocupada) No. Pepa, nos vamos a casar pero es que dime un matrimonio que haya salido bien. Dime sólo uno. Yo con Lucas mal. Sara con Lucas mal, Paco y Lola mal. Mariano y Salgado mal. Pepa, es que es fracaso tras fracaso (Pepa y Silvia se quedaron un rato observándose pero ninguna de las dos dijo nada más y Silvia, abatida, volvió a ponerse al ordenador portátil, siguiendo con el rastreo...)
En la sala de interrogatorios de la comisarÃa se hallan Félix Montejo y Marina Salgado, comandante del CNI, conversando a través de vÃdeo-conferencia con el secuestrador Ernesto, para intentar ganar tiempo para que los policÃas lograran localizar su posición y detenerle. En el otro lado de la cristalera, escuchando la conversación, estaba Paco, atento a los movimientos del secuestrador...
Félix: Ernesto, ¿me oye? Soy... Félix Montejo. Y... no soy policÃa, soy psiquiatra. Sólo querÃa hacerle una pregunta. Usted ha dado 19 minutos. ¿Por qué esa cifra en concreto?
Ernesto: ¿Quiere que se lo explique, doctor? (en ese momento entró Mariano apresuradamente en la sala contÃgua a la de interrogatorios, donde se hallaba Paco...)
Mariano: Paco..., confirmada la identidad del rehén, ese cabrón dice la verdad (refiriéndose al secuestrador, Ernesto. Paco entrecerró los ojos, sentándole mal la noticia, ya que esto confirmaba que no se trataba de ninguna broma por parte de Ernesto...)
Ernesto: ¿Cuánto tiempo tarda un agente en acudir a un 10-34, comandante?
Mariano: He visto a la niña y a Aitor (la gente situada en el interior de la sala de interrogatorios no podÃa oÃr nada de lo que Paco y Mariano hablaban) Están allà abajo. ¿Qué vamos a hacer, Paco?
Salgado: El 10-34 es un código interno de la policÃa nacional... que hace referencia a un asalto a mano armada con rehenes
Mariano: El Ernesto este es un teletabbie comparado con lo que valÃa Lucas (mientras escuchaba a Mariano, Paco asintió, convencido de que estaba en lo cierto)
Salgado: Y... es prioridad máxima
Ernesto: Ya sé que es prioridad máxima, le estoy preguntando cuántos minutos
Mariano: Y entre retraso, trasbordo y su puta madre... en 16 horas lo tenemos aquÃ. Y cuando venga la lÃa, Paco (Paco se llevó su pañuelo a la boca, en señal de angustia)
Salgado: 4 minutos, bueno..., ronda entre los 3 y los 7 minutos aproximadamente
Ernesto: 3..., 4 minutos (dijo, mientras mantenÃa un gesto pensativo), correcto. Sin embargo, en el (volviendo a mirar a cámara) mes de Diciembre del año pasado... la policÃa recibió un 10-34. Los dos agentes que se encontraban más cerca del lugar del aviso tardaron... 19 minutos en acudir (mientras tanto, en la sala principal de la comisarÃa, Sara y Aitor, impotentes, observaban la pantalla gigante desde la cual se retransmitÃa el secuestro mediante el canal de noticias de Antena 3,
Sara: ¿Qué le has dicho a mi padre?
Aitor: Que me alegro que nos pillara. Mira, toda la puta comisarÃa (prosiguió, en vista de que Sara no hablaba) sabe que cada mañana estoy 5 minutos en la puerta para que no parezca que venimos juntos..., Sara. Eh, que le cambio las guardias a Rocamora para estar contigo, que nos subimos al montacargas para besarnos. Lo sabe todo el mundo menos él
Sara: Ya, pero es que ahora ni siquiera nos mira a la cara
Aitor: Ya, es que, es que si no nos mira a la cara está en su derecho. Pero ahora va a tener que aguantarnos en su equipo (dijo, mirando a la pantalla, donde se encontraba el secuestrador hablándoles a Félix y Salgado. Sara también miró hacia la pantalla)
Ernesto: Vamos, seguro que tiene alguna teorÃa
Aitor: Sara, tenemos que pillar a ese tÃo. ¿Vale?, tenemos que buscar el caso en los archivos, ya lo has oÃdo (decÃa, mientras señalaba al secuestrador, a Ernesto), es un caso de Diciembre, hay rehenes y hay vÃctimas. Hay que enganchar a ese hijo de puta, Sara
Sara: Vale... Voy a buscar en el registro de partes y de llamadas (se levantó a toda velocidad de donde estaba sentada y se dirigió a buscar lo que habÃa mencionado)
Aitor: Yo voy a por los archivos, piensa que puede ser cualquier comisarÃa de España
Sara: Vale (respondiendo a Aitor antes de marchar definitivamente, que se habÃa levantado muy rápido también)
La siguiente escena se desarrolla en el laboratorio de la comisarÃa. Silvia se encuentra hablando por el teléfono móvil...
Silvia: (suspiró)Bueno, pues vale, vale, vale, gracias, gracias (Pepa entró al laboratorio) Tiene una conexión 3G, vÃa móvil que está señalizando en un radio de 45 kilómetros, pero es que va a tardar 10 minutos en restringir la búsqueda. Es que me siento tan impotente... (se sentó en la mesa donde estaba operando con el ordenador mientras realizaba el trancer para encontrar la ubicación del secuestrador)
Pepa: Melanie Griffin y Antonio Banderas (puso una foto que tenÃa en su poder, una de varias, en la mesa, a la vista de Silvia) Rafael y MarÃa ("MarÃa" o un nombre similar decÃa, desgraciadamente no le entendà del todo este nombre...) Figueroa, (tendiendo otra foto en la mesa en la que se mostraba a la pareja a la cual hacÃa referencia), Ana Belén y Victor Manuel. (postrando una foto más) Zapatero, Sonsoles Espinosa. Paul Newman y su mujer que no sé como se llama, Alaska y Mario Vaquerizo (terminó de poner todas las fotos sobre la mesa, de las diferentes parejas famosas que andaban juntas en ese momento...)
Silvia: Pepa, que no es el momento
Pepa: Mira, pelirroja (dijo, inclinándose a Silvia) Estos llevan la tira de años casados. Y tan felices (Silvia fue mirando las fotos, entre pensativa y sonriente, dándole vueltas a su cabeza a lo que le estaba haciendo ver Pepa. Silvia suspiró y Pepa le tendió a su novia un folleto en el que aparecÃa inscrita una casa rural...) Te dije que del sitio me encargaba yo, ¿no? A 50 kilómetros de Madrid (Silvia abrió el folleto y vio que contenÃa una foto de la casa rural en sà y unos datos explicando todo lo referente a la casa) 30 hectáreas de parque natural sin una sola carretera a la vista. (Pepa hablaba a Silvia prácticamente al oÃdo) 20 metros cuadrados de salón. Y una cama... como un estadio de fútbol (ante estas últimas palabras de Pepa, Silvia la miró, comenzando a albergar ilusión en su interior) ¿De verdad crees... que un matrimonio que empiece en un sitio asÃ... puede ir mal? (Silvia miró a Pepa y la sonrió. Esta última le devolvió la sonrisa. La pareja parecÃa más fuerte que nunca...)
Sara y Aitor, en la sala principal de la comisarÃa, poseen en sus manos varias carpetas y archivadores que contienen información sobre los casos acaecidos en la comisarÃa en el mes de Diciembre. Mientras caminan por la sala principal de la comisarÃa con todos aquellos documentos en las manos, mantienen la siguiente conversación...
Sara: Tengo que tardar 2 años en cotejar 357 informes..., 20 archivos de red y 80 casos en vÃas de resolución judicial
Aitor: Probabilidades pues... pues tenemos pocas. Pero también era poco probable que tu padre entrase en casa sin llamar, abriese la puerta y nos pillase ahÃ... bueno, en pleno orgasmo (se sentaron, cada uno en una mesa, quedando enfrente uno de otro, dejando la pila de informes y archivadores sobre las mesas. Aitor empezó a abrir uno de los archivadores y a ir sacando las carpetas que contenÃan los documentos de los casos de Diciembre...)
Sara: ¿Sabes por qué ha pasado?
Aitor: ¿Por qué?
Sara: Porque hace una semana que no cierro la puerta de casa. Porque necesito dejar... (se interrumpió súbitamente. Aitor prestó atención a Sara, dejando los archivadores de lado por unos momentos) Porque ya no me siento culpable. Porque ya no necesito esconderme de mi padre. Ni cerrar la puerta. Ni mirar por encima del hombro cuando te doy un beso por si viene alguien. Porque yo no me siento culpable por quererte. (tras decirle todo esto a Aitor, se concentró en buscar entre los documentos que tenÃa apostados encima de su mesa, un posible factor que pudiera desvelar algo sobre el secuestrador Ernesto. Aitor se quedó un rato observando a Sara profundamente, y después ayudó a Sara con la búsqueda...)
Aitor conduce un coche a toda velocidad para dirigirse lo antes posible al domicilio del secuestrador que mantiene en jaque a la policÃa, al hacerles superar unas difÃciles pruebas para que no ejecute al rehén que tiene capturado consigo. Sara está sentada en el asiento del copiloto, dirigiéndose junto con Aitor a la casa en cuestión...
Sara: Es increÃble. Este tÃo vive en un bloque de apartamentos con más de 30 vecinos y nadie nota que se ha vuelto loco
Aitor: Yo no creo que esté loco, eh, Sara
Sara: Claro, no está loco. (dijo en tono irónico)PodrÃa haber secuestrado un autocar con... alumnos de primaria o haber hecho gas sarÃn en el metro (Aitor realizó un giro muy brusco por una calle en una curva y la enfiló en una recta) Aitor, que estás invadiendo el carril contrario
Aitor: Joder, claro que se le fue la pinza, Sara. Pero lo que te quiero decir es que a cualquiera se le puede ir la pinza si le pasa lo mismo. Sara... Sara, si te perdiera... (en ese momento Sara permaneció atenta a lo que le iba a decir Aitor, mirándole) Si te pasara algo yo no sé lo que harÃa, Sara. No sé lo que harÃa. Te lo juro
En la siguiente escena se encuentran presentes, en el interior de la sala de tiro, Curtis y Pepa, y en la antesala de la misma, Paco, Félix, y la Salgado. Estos tres últimos se mantienen en comunicación con el secuestrador, Ernesto que, en caso de no cumplir con sus exigencias la policÃa, matarÃa al rehén que tiene retenido. La presentadora del programa "Al Filo de la Calle" graba su programa, ya que, en caso de cortar la emisión, el secuestrador no se lo pensarÃa dos veces y de igual modo acabarÃa cumpliendo sus amenazas. La presentadora entra a la sala de tiro para grabar la que serÃa la segunda prueba propuesta por Ernesto, que consistÃa en, desde una distancia de 20 metros, que uno de los agentes de comisarÃa disparara a una botella anclada encima de la cabeza de otro agente. Por otra parte, el cámara del programa "Al Filo de la Calle", grababa directamente a la antesala de la galerÃa de tiro, donde estaban ubicados Paco, la Salgado y Félix... (la 1ª consistÃa en que un policÃa comiera 20 donuts en apenas 3 minutos, algo para lo que Mariano se ofreció voluntario)
Presentadora "Al Filo de la Calle": Estamos en la sala de tiro de la comisarÃa donde los agentes Miranda (refiriéndose a Pepa, no a Paco) y Naranjo (refiriéndose a Curtis en su apellido) están preparados para la segunda prueba (Pepa cargó su pistola)
Ernesto: Señores..., se acaba el tiempo. La respuesta de la policÃa ha de ser rápida, intuitiva
Félix: Ernesto... Hábleme de ella. ¿Cómo era su mujer?
Ernesto: ¿Mi mujer? (Félix le hizo un gesto como ratificando la pregunta de Ernesto) Alguien definió el amor... como... la casa donde a uno le esperan. Y es cierto. (Salgado miró a Paco en ese instante) Ella era la casa..., las puertas..., los muebles..., el bote de café... el aroma..., las sábanas... (en ese momento se mostró a Aitor y Sara, en el interior del coche en el que se estaban dirigiendo hacia la casa del secuestrador) recién planchadas..., el hueco en la cama... Ella lo-lo era todo. No es justo que la matasen
Félix: Ernesto..., ¿se ha parado a pensar que... que ese hombre que tiene amordazado a su lado... también tiene un nombre... que figura en un buzón... y tiene un sitio en una mesa... en la que desayuna siempre con la misma taza? Ese hombre... ta-también es la casa de otra persona (Ernesto se sintió muy dolido al oÃr aquello y no pudo contener las lágrimas) Párese a pensarlo, Ernesto
Ernesto: Si buscan culpables miren la hora de la policÃa. Y ahora, señores..., demuestren que 20 metros de distancia... y la responsabilidad... de destrozarle la cabeza a un compañero no es suficiente presión para alterar su pulso (acercó la silla donde tenÃa atado al rehén a la cámara)
Paco: (llamó a su hija por el móvil, una vez hubo dado señal, Paco habló) Sara, no nos queda tiempo
Sara: Estamos llegando, papá, un minuto
Ernesto: En la academia, un agente... se examina (Pepa y Curtis se dieron la mano, estando ya a punto para la prueba) con tiros superiores a 20 metros. Demuestren que su agente habrÃa acertado
Salgado: Ernesto, nuestros hombres se están preparando. Los agentes se están situando a la distancia convenida. Denos dos minutos
Félix: Veamos, Ernesto..., siga hablando
Ernesto: Sé lo que estáis intentando hacer. Sé que todo es mentira. No intentáis redimiros, sólo queréis ganar tiempo (Curtis terminó de colocarse en posición)
Paco: Sara, Sara, ¿dónde estáis? (hablando a través del móvil con ella)
Aitor: Es aquÃ
Paco: Curtis está allá dentro
Aitor: Estamos aquÃ, es aquÃ, ¡es aquÃ, Paco! (dio un frenazo al coche y lo aparcó por las proximidades del bloque de apartamentos)
Sara: Por favor, no tenemos tiempo, Sara
Aitor: Vamos, Sara
Sara: ¡Papá, acabamos de llegar! (tanto ella como Aitor salieron del coche) ¡Aguantad un poco más! (desde el lado contrario del coche al que se encontraba ella, Aitor le lanzó una linterna, y ella la cogió al vuelo con una sola mano)
Aitor: ¡Vale, es ese edificio de ahÃ, Sara! (entraron en el edificio por un lateral...)
En la comisarÃa de San Antonio, la segunda prueba propuesta por el secuestrador Ernesto, que mantenÃa retenido a un rehén, fue superada, logrando disparar, en la sala de tiro, Pepa a la botella que tenÃa Curtis encima de su cabeza... Ernesto retiró al rehén de enfrente de la cámara mediante la cual se dirigÃa hacia la comisarÃa, utilizando el programa de "Al Filo de la Calle" de filtro. Por otra parte, Paco continuaba hablando con su hija, Sara, a través del móvil...
Ernesto: Muy bien. Ya habéis podido redimir... la gula y la torpeza que acabaron con la vida de mi mujer. Sólo os queda la cobardÃa. En 10 minutos os diré que hay que hacer.
Paco: Sara...., hemos conseguido la segunda prueba, Pepa ha disparado. Ahora ya tenemos más tiempo (apartó la cámara que le estaba grabando, procedente del programa "Al Filo de la Calle", intentando tener un momento de intimidad con su hija)
Sara: Papá...
Paco: Ss..., dime
Sara: Papá, que Aitor y yo... Que vamos a seguir registrando el piso, ¿vale? (dijo, tras un extenso momento de silencio en el que nadie se atrevió a decir nada y Aitor miró a Sara por si le comentaba a Paco algo del asunto de que les pillara juntos en la cama...) Te dejo (colgó a su padre)
Paco: Sara... (simuló que proseguÃa conversando con su hija por el móvil) Soy... soy un..., soy un idiota, un-un-un imbécil, un... un bruto. Si tú quieres teñirte el pelo de... de naranja pues... de naranja. O que si te quieres ir a... a vivir encima de un árbol pues estupendo. Y si quieres... y si quieres a-a Aitor (la comandante Salgado salió de la sala de tiro en aquel momento y se encontró allà a Paco hablando por el móvil)..., también. Nadie tiene la culpa, mi vida. Nadie. Asà es-asà es la vida. Un dÃa estás casado y al dÃa siguiente pues... te separas. Pero..., pero tú no tienes la culpa, mi vida. Yo me encargo de Lucas. Te quiero (apartó el móvil de su oreja y cerró la tapa, colgando él también la llamada por completo. Paco se giró y vio a la Salgado delante suyo, que le miró sintiendo tristeza por Paco...)
La siguiente escena tiene lugar por las proximidades del montacargas de la comisarÃa. Rita recibe una llamada en su teléfono móvil, se trata de Montoya. Ella coge la llamada sin miramientos, decidida...
Rita: Mmm..., hola (dudando que decir con el "mmm" por un momento), inspector Montoya. Ya se ha enterado, ¿no?
Montoya: SÃ, Rita, ya me he enterado. Vamos para allá lo antes posible
Rita: Muy bien (dijo, asintiendo con la cabeza, un tanto nerviosa)
Montoya: Rita...
Rita: ¿S�
Montoya: Que ya sé que no es el mejor momento pero... Que te echo mucho de menos aquà en Nápoles. Y... y... (no pudo evitar reÃrse por un instante) Y bueno, que normalmente me cuesta mucho decir estas cosas pero... no sé..., (Rita asintió fuertemente con la cabeza, emocionada) ahora me resulta... me resulta fácil. Que te quiero. Sólo era eso, Rita (dijo aquello último con una deslumbrante sonrisa)
Rita: Yo... yo también lo quiero muchÃsimo a usted, inspector Montoya (estaba a punto de llorar de la alegrÃa que emanaba de su ser)...hace mucho tiempo.
Montoya: Por dios, Rita, no me-no me llames de usted
Rita: Perdón (dijo, riéndose ante el último comentario de Montoya) Le quiero, Gonzalo. Que le quiero. Le quiero, Gonzalo, le quiero. Le quiero, le quiero, Gonzalo, le quiero, le quiero, le quiero (dijo, elevando cada vez más el volumen de su voz, en un estado de inmensa alegrÃa)
La siguiente escena tiene lugar durante el minuto de oro en el dÃa en el que fue emitido el episodio, con Pepa, Rita y Silvia yendo hacia la posición del secuestrador, Ernesto, que mantenÃa retenido a un rehén, y estaba en plena comisarÃa, en el almacén de objetos perdidos, y Paco a punto de realizar una prueba, en la sala de interrogatorios, la 3ª, que consistÃa en que uno de los agentes de la comisarÃa se cortara un dedo, algo para lo que el inspector Miranda, se ofreció voluntario de hacer. Mariano sujetaba una guillotina de cortar papel, debajo de la cual, Paco, tenÃa puesto el dedo meñique de forma que la guillotina lo cortara con un golpe seco y rápido. A través de las cámaras de televisión del programa "Al Filo de la Calle", Paco se comunicó con Ernesto...
Paco: Antes de que me corte el dedo... quiero decirte dos cosas. Siento mucho... lo que le pasó a tu mujer (Ernesto asintió con la cabeza, aceptando las condolencias de Paco)
Ernesto: ¿Y lo segundo?
Paco: Que estoy seguro... que mis hombres hubiesen dado la vida... por salvar la de tu mujer. Cualquiera... (puso su mano encima del hombro de Mariano, mostrando una confianza plena en su amigo)
Ernesto: Se acabó el tiempo, inspector
En el bar de los Cachis, tiene lugar la última escena del episodio, en la que Paco y la comandante del CNI, Marina Salgado mantienen la siguiente conversación, precedida primeramente por una foto que le saca a Paco una de las múltiples personas, en concreto esta se trataba de una chica, que vivieron en vivo y en directo el incidente del secuestrador Ernesto...
Chica: Muchas gracias (dirigiéndose a Paco. Acto seguido se marchó)
Paco: (se sentó en la mesa junto a la Salgado) Lo que es-lo que es la televisión, sales un-un ratito y de aquà ya boom (imitando el estallido de una pequeña bomba con el "boom"), a hollywood. Bueno, y mira. Para lo que sirve el dedo meñique, el infravalorado, para liar fajitas (le dijo a la Salgado, echándose a reÃr por breves segundos cuando hubo terminado de decir aquello, mientras hacÃa lo que le estaba comentando)
Salgado: Paco, que... (Paco comió un trozo de la fajita y bebió un sorbo de una botella de cerveza, llamada "Coronita") Que querÃa pedirte disculpas. Que tal vez he estado... un poco tensa en el operativo
Paco: Marina, esto es como-como en el fútbol. Lo que pasa en el campo se queda dentro del campo. De puertas para fuera, todo olvidado
Salgado: Cuando estabas a punto de cortarte el dedo... la que sufrÃa no era la comandante del CNI
Paco: No te... no-no te entiendo (un camarero hizo acto de presencia allà y sirvió a Paco y la Salgado los alimentos que habÃan pedido)
Camarero: Aquà tienen, su ensalada de garbandÃa ("garbandÃa" o algo similar dijo, desgraciadamente no le entendà correctamente esa palabra...) Que aproveche. (el camarero marchó a atender a otros clientes, Paco tomó otro sorbo de cerveza)
Salgado: Pues tampoco sé si te lo voy a saber explicar. A lo mejor la estoy cagando, Paco. Por tu amistad con Mariano... Pero... es lo que me pasa. A lo mejor es por las cosas que hemos vivido y las que... las que a veces imagino que vamos a vivir y...y-y tal vez también por el afecto que puedas sentir por mÃ. Pero es asÃ. Creo que me estoy enamorando de tÃ, Paco (Paco se quedó sin palabras al oÃr aquello, sin alterar su gesto prácticamente, como incapaz de creérselo, y como ignorando que la Salgado estuviera allÃ, sorbiendo cerveza como si nada de aquello estuviera pasando...)
Por esta semana esto ha sido todo en las frases memorables, tanto en el contenido cómico como en el dramático. Quedan apenas 2 capÃtulos para acabar con la temporada, para acabar una etapa en las frases, para dejar atrás unos tiempos que han deparado cosas buenas y otras no tan buenas, tiempos en los que se han podido presenciar muchas cosas... Los capÃtulos restantes corresponden al 103, el que se emitirá el miércoles 8 de Julio de 2009, titulado "Amor a bocajarro", y el capÃtulo final de la temporada, el 104, que se emitirá el miércoles 15 de Julio de 2009, probablemente titulado "Todos los planes de Lucas Fernández". Espero que las frases de esta semana hayan sido de su agrado. Si las cosas van bien, la semana siguiente les llegará el turno a las frases del capÃtulo 103.
Saludos, paqueros/as
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