Una vez más, llegan las frases memorables con la exposición de las dramáticas, tras la exposición de las frases cómicas hace escasos dÃas. El capÃtulo al que se hará referencia con estas frases será el 101, titulado Todo por lo legal, en el que el contenido dramático en esta ocasión será parejo al cómico, puesto que se ha equilibrado más la balanza en ambos géneros. Empecemos pues, con las frases dramáticas.
En la sala de interrogatorios, Paco y Salgado se hallan inmersos retocando el posible perfil fÃsico de Bravante, que Paco vio en una reunión que estableció con él, a cambio de que anularan la amenaza de muerte los miembros de la mafia, que pesaba sobre toda la comisarÃa...
Salgado: ¿La nariz as�
Paco: Sà (observando el ordenador con la foto que estaba remarcando Salgado del sospechoso) Esa puede valer (en ese momento entró Don Lorenzo con una carpeta en sus manos)
Don Lorenzo: Paco... (puso la carpeta en la mesa) Mira las fotos de estos cinco hombres. La Interpol sospecha que entre ellos se encuentran los cabecillas de la mafia en España. No se conocen sus nombres (Paco fue mirando las fotos que le tendió Don Lorenzo en la mesa) A ver si entre ellos encuentras a... Bravante
Salgado: ¿Ojos?
Paco: Eh..., hundidos y... oscuros
Salgado: ¿As�
Paco: Menos rajado (le dice a la Salgado, observando la imagen en la pantalla del ordenador)
Salgado: ¿As�
Paco: SÃ, ese pruebe ("pruebe" o algo parecido decÃa aquÃ, no le entendà del todo bien desgraciadamente...)
Salgado: ¿Cejas?
Paco: Poco pobladas, rectas... y sà tenÃa un lunar en la izquierda. Ah..., Don Lorenzo, ninguno de estos son
Salgado: ¿Pelo?
Paco: Eh... Corto
Don Lorenzo: Pero Paco, ¿en qué cojones estabas pensando para sacar a un criminal y llevártelo al campo, y matarlo a sangre frÃa? ¿Qué vas a hacer luego, echarte al monte? Paco, mÃrame, coño. Te estoy hablando (Paco andaba abstraÃdo mirando fichas policiales en el interior de la carpeta que Don Lorenzo habÃa llevado allÃ) Que tenemos dos muertos encima de la mesa, por tu culpa. ¡Estamos falsificando informes (en ese instante entró Silvia a la sala)... para librarte de la cárcel!
Silvia: Ya tenemos la autopsia del sub-inspector Vidal. Murió a las 19:50 por disparo de arma de fuego, con orificio de entrada en la región parietal izquierda, y orificio de salida por la parte posterior derecha. Se trata de un proyectil del calibre 7,62 milÃmetros disparado desde unos 1250 metros aproximadamente con rifle de largo alcance. La bala tenÃa la misma marca que la que te entregó Bravante, Paco (Paco, al saber esto, se llevo las manos a la cara, preocupado)
Salgado: Estamos todos muy cansados, son las 12 de la noche, mejor continuamos mañana
Paco: No, no vamos a continuar mañana. Mañana puede que estemos muertos. Yo he visto a Bravante y he estado enterrado en la finca de Vittorio, tiene que haber algo que hayamos pasado por alto (pasó las fichas policiales de una a otra rápidamente por si veÃa algún rostro que le resultara familiar)
Salgado: Paco, tranquilÃzate. Bravante estuvo en el punto de mira y no disparó. Eligió matar a Jota. Lo que le disteis es mucho más de lo que esperaba. Escúchame. No-no es una póliza de seguros, pero... pero creemos que la amenaza está zanjada
Paco: (dejó de mirar las fichas policiales y miró a la Salgado) ¿Zanjada? Pues baje y dÃgale a esa gente que está zanjada. Que usted no tenga miedo no significa que allá abajo no exista. No quieren salir ni a cenar (refiriéndose a los agentes de comisarÃa, que permanecÃan encerrados en la misma por temor a que la mafia les encontrase) No quieren patrullar. Tampoco quieren irse a su casa por si a la vuelta de la esquina les pegan un balazo en la frente. Baje. Baje y dÃgales que zanjen su miedo. Como si fuera una cuenta del supermercado. ¿Ha visto usted alguna vez un... un asesino jugando... a las cartas por la vida de su familia? Yo sÃ. Asà que dÃgame, comandante..., ¿exactamente qué está zanjado? (continuó mirando fichas policiales, pero esta vez nervioso, pasando las páginas sin orden ni concierto, hasta que Don Lorenzo le retiró la carpeta de sus manos)
Don Lorenzo: Ya, vale, vale. Paco, basta. La comandante Salgado... se queda al mando. Baja a tu despacho y destruye cualquier prueba que pueda ser contradictoria... o que esté clasificada. Lo más probable es que alguien del CNI se quede en tu despacho. ¿De acuerdo? Y ya sabes, mañana te pones el chandal..., te vas a... a mirar obras a ver como los obreretes... trabajan. Eh. No te quiero ver aquÃ... en una semana (Paco se levantó, miró a Don Lorenzo con semblante serio, y dejó su placa sobre la mesa. Después de esto, abandonó la sala de interrogatorios) Silvia. Tenemos que tomar medidas. No podemos permitir que... esta psicosis vaya a más. Convoca reunión urgente a todos
Silvia: Son las 12 de la noche
Don Lorenzo: Me da exactamente lo mismo, los llamas por teléfono. Ya has oÃdo a Paco, nadie duerme (dijo esta última frase elevando el tono de su voz) Te los traes, ¡a todos! (abandonó el despacho, con signos de enfado)
La siguiente escena tiene lugar en la casa de Sara, entre esta, que se encuentra durmiendo en el sofá del salón, y Aitor. Una voz en off procedente de Aitor da comienzo a la escena...
Aitor: (voz en off) Hay una teorÃa que dice que si el universo durara 24 horas..., ahora estarÃamos a las 23:45..., a un paso del final..., montados en un ferrari a 200 por hora contra un abismo. Como mi vida con Sara..., fuera de control...,a toda piña..., y con fecha de caducidad
Aitor: (acarició la cara de Sara y esta se despertó sobresaltada) Sh, eh, tranquila, tranquila, Sara (Sara se despejó y se sentó en el sofá)
Sara: ¿Qué hora es?
Aitor: Teniendo en cuenta que te has quedado dormida al principio de la pelÃcula y está acabando pues... tarde
Sara: Lo siento, estoy agotada. Me voy a dormir (se levantó y se dirigió a su habitación. Pero en su camino se percató de que dejaba a Aitor allà solo y volvió hacia él) ¿Vas a dormir aqu�
Aitor: SÃ. Bueno, es que tu padre (prosiguió, puesto que Sara se mostraba preocupada por él) y tu marido me han pedido que haga de tu guardaespaldas, asà que... Bueno, que yo... Yo voy a estar bien aquÃ, de verdad, Sara. Si ya tengo la espalda amueblada. Mira, ¿tú ves la grúa esa que hay ahÃ? (dijo, señalando a una de las esquinas del sofá, repleta de cojines) Pues eso son mis cervicales. Estoy bien, de verdad (se sentó en el sofá, para empezar a acomodarse para dormir allÃ)
Sara: Duerme conmigo. (Aitor miró a Sara entre emocionado y sorprendido) Nos hemos casado, ¿no? (tendió su mano hacia Aitor y este la cogió...)
En el bar de los Cachis, tiene lugar una conversación en la que como eje central está Sara, que se encuentra deprimida, siendo aconsejada entre Silvia y Pepa sobre su futuro sentimental...
Silvia: Es que no sé si lo entiendo, Sara. JolÃn, llevas toda la vida dando la matraca con Lucas, que si no podÃas vivir sin él (Pepa mediante gestos le pidió a Silvia que no se pasara) Y ayer mismo estabas llorando desquiciada por eso. Y ahora no solo sà puedes vivir... ¿sino que también puedes convivir con Aitor? JolÃn, y sigues enfangándote (Pepa le pidió con gestos que se controlara) Lucas te ha comprado una casa, Sara, SÃ, tiene que saberlo, Pepa (le dijo a esta, tras ver su mirada, que no denotaba nada bueno) SÃ, con todo el dinero que ha ahorrado en la CIA... te ha comprado un chalet.
Pepa: Tú no puedes ser más bocazas, ¿no, pelirroja? Que tienes el tacto donde yo te diga. Una cosa, nada, cariño, sh, que era solo una sorpresa, eh, (le dice, intentando calmarla, ante lo triste que está Sara) sabes, no pasa...
Sara: ¿Una sorpresa? Es... es el euromillón de las sorpresas. Que nunca nadie habÃa hecho nada asà por mÃ. Y Lucas está... ahà donde sea que esté... buscando chalet... y zanjando su vida para venir a vivir conmigo. Y yo estoy... durmiendo con Aitor. Porque me he casado con él. (le entra la risa floja mientras anda sumida en la desolación) De mentira o de verdad porque ya no lo sé..., por el salón de casa..., y con tu traje de novia. (refiriéndose a Silvia con lo del traje) Y le he jurado que le quiero porque le quiero... Le quiero... SÃ... Y a Lucas... Es que es verdad
Leo: Pinchitos de tortilla por aquÃ. (dejó la bandeja con los pinchitos encima de la barra, donde estaban sentadas Silvia, Pepa y Sara, esta última llorando, y al verla asÃ, Leo miró a Sara y procuró no llamar demasiado la atención) U-uy, perdón. Perdón (le dijo a Silvia. Pepa, por su parte, abrazó a Sara, que lloraba desconsoladamente...)
En el bar de los Cachis, la conversación entre Sara, Silvia y Pepa sigue su curso, ante una Sara que se encuentra completamente derrumbada por la situación amorosa nada agradable que está pasando...
Pepa: Venga, mÃrame, sh, oye. Ya está, eh, se acabó (decÃa, mientras le secaba las lágrimas) de llorar, ahora arriba ese ánimo... que nos vamos a pegar unos tiritos (le dice, poniendo una sonrisa, intentando que Sara no se viniera abajo) ¿Mm? Vamos
Silvia: No. Vámonos de compras, ¿vale? (dirigiéndose a Sara) SÃ, además, tú y yo nos vamos a casar en serio (dirigiéndose a Pepa esta vez) y aún no tenemos ni edredón, ni cama, ni nada. ¿Vale? (le dice a Sara, que se limita a mirar a Silvia, alicaÃda) Venga, yo os invito
Pepa: Venga, vamos (dirigiéndose a Sara, ya que Silvia ya habÃa salido del bar) Oye, tú no, lo de las infidelidades... te lo tomas en serio, eh. Doble de casamiento, con el traje de mi mujer (Sara se echó a reÃr ante el comentario de Pepa, que decÃa todo esto en plan bromista) Vaya telita. Anda (cuando fueron a salir del bar, Sara cambió repentinamente su rostro y pasó de reÃrse a llorar en segundos, angustiada)
En la sala de tiro de la comisarÃa, se improvisa un centro de práctica de defensa personal, que dirige Montoya, quien está en esos momentos allÃ, dirigiendo dichas prácticas, a Nelson, Kike y Curtis...
Montoya: Bien. Chicos. Vamos a ver, la defensa personal como su nombre indica no es una técnica de ataque sino de protección, ¿vale? Lo importante es no perder la concentración. Nelson. (el aludido miró a Montoya) Intenta darme una patada
Povedilla: Buenos dÃas, familia (Montoya miró hacia Povedilla, que en esos momentos acababa de entrar en la sala de tiro, y su distracción le costó una patada tremenda de Nelson en sus partes Ãntimas. Montoya se dolió de tal manera que hasta cayó al suelo...) Oye, chi-chicos, perdón, perdón por el... por el retraso. Es que-que... he tenido que pasar por casa pa cambiarme porque co-como he dormido en casa de Rita pos... (Montoya, sintiéndose afectado por esto, miró a Povedilla)
Curtis: ¿Cómo que has dormido tú en casa de Rita? ¿Ha pasado algo?
Povedilla: No,no,no,que no,no ha pasado nada. Bueno, ha pasado... pos que-que me echa de menos, que va-que va a pasar, que me echa de menos, que me lo pidió ella, que me-me pidiera... que-que-que pasara. Que-que-que-que-que, que me-,es que me dijo que... me dijo que co-conmigo e-en casa pues se sentÃa más segura. Yo-yo-yo creo que de esta volvemos
Curtis: ¿Pero tú de verdad crees que por pasar la noche en casa de Rita volvéis y rehacéis? Eh. (le dice a Povedilla, cuando ya se disponÃa este a hablar) A ver si es que ha habido consumación
Povedilla: No, no, no,no,no,no, no ha habido, no ha... (Kike le interrumpió súbitamente)
Kike: Eh, ¿entonces qué, magreillo fino bajo la braga?
Povedilla: Que no, Kike, no, no ha habido-no ha habido nada, no ha pasado nada
Kike: No,no,no, claro que no, que ha-has dormido a su lado haciéndole la del koala..., con el cimborrio como un hierro forjado
Povedilla: Que... bruto eres. No, mira, pues la ve-la ve-pues, emm....He-he dormido en el sofá. Esa es la verdad. Pero bueno, donde-donde-donde hubo fuego pues yo creo que-que quedan... rescoldos (a Curtis le empezó a sonar el móvil en aquel momento y se vio obligado a cogerlo, dejando de atender a Povedilla) y con... (Povedilla, a pesar de que Curtis no le atendÃa, siguió a lo suyo) con un poquito que-que sople pues... tienes ahà una llamarada de dos metros
Curtis: DÃgame, jefe. Bien, bien, ahora mismo vamos, sà (la persona que estaba al otro lado de la lÃnea, Paco, no se la podÃa escuchar lo que iba diciendo) Tranquilo, todo por lo legal, todo legal, todo legal, tranquilo, eh, tranquilo, jefe, hasta ahora. (colgó la llamada y se dirigió a Montoya) Inspector, (carraspeó. Montoya aún se habÃa podido reincorporar debido al golpe propinado por Nelson) no va a poder ser porque tenemos una urgencia, Kike, Nelson, echando ostias (Curtis fue a salir de la sala de tiro, seguido por Kike y Nelson, cuando justo en ese instante entró Rita)
Rita: Zangüangos. Hola (saludando contenta a Kike)
Nelson: Hola, nena (la saludó de esta manera, antes de irse detrás de Kike y Curtis)
Rita: Hola, Jose LuÃs
Povedilla: Hola, estás muy guapa con la coleta (dirigiéndose a Rita, en un tono tan bajo, que casi no se le comprendió)
Rita: ¿Ah, s�
Povedilla: Muy guapa
Rita: Hola, inspector. ¿Y esa cara? (le preguntó, ante la mirada seria que mostraba Montoya, y el hecho de que todavÃa estaba arrodillado en el suelo)
En una tienda de colchones, camas y demás utensilios derivados del mundo del descanso, tiene lugar una conversación más con Silvia, Sara y Pepa. Una vez más, le centro de la conversación, recae en Sara Miranda...
Silvia: Pero si yo no saco nada con esto, Sara, si yo tengo la historia sentimental más absurda del mundo, que me dejó Lucas y le incendié la cama. Que estuve haciendo terapia y en todo el dÃa me voy a casar con la bovia ("bovia", "novia", o algo parecido dice, esa palabra desgraciadamente no se la entendà bien) de tu tÃa. Pero si lo digo por tu salud mental.
Sara: Bueno, ¿me vas a hacer terapia comprando camas, tita? Que no puedo hacer nada, que estoy enamorada de él, de los dos
Silvia: Pues eso no puede ser, Sara. Tienes que elegir, coño. Bueno, y si estás casada pues renuncia. Y si quieres volver a elegir puedes volver a elegir, pero entonces tienes que renunciar otra vez. Porque es que no se puede querer todo. Porque si lo quieres todo entonces te conviertes en una niña caprichosa que juega con los sentimientos de los demás
Pepa: A ver. A lo mejor lo que... le pasa es que ha encontrado un tÃo irresistible... y le cuesta mucho elegir. ¿Verdad, cariño?
Montoya y Povedilla se enzarzaron en la sala de tiro, que servÃa en aquel momento como sala para la práctica de la lucha para la defensa personal, en una pelea, mientras mantenÃan una agitada conversación...
Montoya: No es bueno confiarse (le dijo a Povedilla, después de hacerle una llave que lo lanzó por los aires y lo echó al suelo) Crees que haces bien...lanzándote pero... vas a ciegas (tendió la mano a Povedilla para ayudarle a levantarse) Con la guardia baja..., y asà es como uno se lleva las ostias. (Povedilla ya estaba de nuevo en pie) Mira, Jose LuÃs. No sé si hablo de más pero... creo que te estás equivocando con Rita. Vamos, que te veo muy obsesionado con volver y... y eso no va a pasar (Povedilla le propinó una patada a Montoya en la cara, algo que este no se esperaba y miró a Povedilla con cara de pocos amigos)
Povedilla: Y... y digo yo, inspector, ¿exactamente eso por qué no va a pasar? Ya,... claro, porque... Rita está tan loca por usted... que no puede rehacer con nadie más, ¿no? Ya no puede-puede rehacer conmigo (Montoya fue a pegarle un puñetazo a Povedilla pero este lo bloqueó)
Montoya: ¿Tú qué crees? ¿Que durmiendo en un sofá vas a volver con ella? Mira, lo único que estás haciendo es estar ahà como un felpudo..., recogiendo migajas de afecto (fue a meterle otro puñetazo a Povedilla, pero este ya se lo esperaba y también lo bloqueó)
Povedilla: ¿Sabe qué ocurre, inspector? Que no me importa ser el felpudo de Rita. No. No me importa ser el postre de Rita. Si con eso consigo volver con mi mujer y con mi hija..., cada noche a casa..., a ver la tele con ellas en el salón... y no quedarme solo como un perro (Montoya intentó repetidamente golpear a Povedilla de mil formas distintas, pero este logró esquivar y bloquear todos los golpes, y contraatacó con un derechazo que mandó directo al suelo a Montoya. Este se levantó rápidamente y Povedilla, dejó de ponerse en guardia ante posibles respuestas agresivas de Montoya) Y no sé, a lo mejor... estando a su lado pues puede evitar que a usted se le vuelva a ocurrir enamorarla..., ¿no?, pa luego enrollarse con su prima..., y dejarla tirada..., y joderle la vida (Montoya, fuera de sÃ, le dio una patada a Povedilla en el pecho que le echó hacia atrás y le hizo acabar tirado en el suelo. Acto seguido, Montoya se acercó a Povedilla, le agarró del cuello y se inclinó hacia él)
Montoya: ¡Yo no la enamoré! ¡Surgió, sin más! No me di cuenta de como pasaba... Luego conocà a Marga, y creà que me habÃa enamorado, pero la cagué. ¿Vale? ¡La cagué, y ahora no sé como dar marcha atrás! ¡Pero yo no le jodà la vida!
Povedilla: ¿Me permite? (hablando costosamente, ya que Montoya le tenÃa agarrado el cuello y le estaba asfixiando. Montoya acabó por soltar a Povedilla y alejarse un poco de él) Joder... Y... (dijo, mientras se iba reincorporado poco a poco) Sà que es difÃcil sacarle a usted una confesión de amor, eh
Montoya: ¿Qué confesión?
Povedilla: SÃ... De amor. Inspector, ¿por qué... no se lanza de una vez al... a por lo que realmente quiere, eh? Ella le va a decir que sÃ
En la antesala de la sala de interrogatorios, tiene lugar la siguiente conversación entre Paco Miranda y Marina Salgado. Esta última mira una carpeta con unos documentos, abstraÃda. Es Paco quien inicia la conversación...
Paco: Marina... Que... querÃa darte las gracias por... por taparme antes (refiriéndose a un incidente anterior con Don Lorenzo acerca del caso Bravante)
Salgado: De nada, Paco (le dijo, sonriéndole) Además, tú me tapas ayer, yo... yo te tapo hoy (le entró la risa) Ayer, ayer, con lo... con lo de la falda (le aclaró, puesto que no terminaba de comprender a que se referÃa)
Joder, que vergüenza. Que me viste el culo, Paco. Y además estaba toda blanca y hace... meses que no voy al gimnasio y..., que horror
Paco: No. Esta-estabas bien. Vamos, que... Que... se veÃa terso y...
Salgado: No, no (se rió al decir esto)
Paco: SÃ, igual que tus pechos (Salgado convirtió la sonrisa que tenÃa un segundo antes en una mirada bastante más seria) Qui-quiero-quiero decir, perdona, que, o sea, no es que yo te-te... mire lo-los pechos, ¿no?, sino que te los he visto. (Salgado se sintió extrañada por esto) Que-que o sea, que Mariano..., verás, que Mariano me enseñó una fotografÃa cuando estuvisteis en... en la playa, y no tenÃas tu parte de arriba. (Salgado acabó comprendiéndolo y al rato, se rió, un tanto avergonzada de que Paco le mirara alguna de sus partes Ãntimas) Que...,te doy las gracias de verdad..., Marina. Por todo lo que estás haciendo (la besó en la parte izquierda de su cara)
En la casa donde supuestamente está alojado Bravante, Aitor se encuentra en su interior examinando los objetos de una parte de la casa, por si acaso localiza alguna prueba que se pueda usar para poder encontrar al mafioso y detenerle. En medio de su minucioso registro, llega de golpe Sara, y hace que Aitor apunte con su pistola instintivamente por si era algún mafioso italiano...
Aitor: Venga, no me jodas, Sara. Coño, que llevo-que llevo una pistola en la mano. ¿Qué haces aqu�
Sara: Nos han mandado a establecer un perÃmetro por si aparece Bravante
Aitor: Bueno, yo-yo llevo el...
Sara: (interrumpiendo repentinamente a Aitor) ¿Tú qué hacÃas comprándome el dormitorio de mi casa con Lucas? (Aitor no respondió a esto. Hizo un gesto como de indiferencia y dejó una caja que estaba examinando encima de una silla)
Aitor: Pues nada, que... que tenÃa que comprobar el somier por si me tengo que meter debajo de la cama a ver si aparece Lucas, ¿no?
Sara: Ya
Aitor: Ya
Sara: A lo mejor es eso. A lo mejor cuando venga Lucas tengo que empezar a vivir una doble vida en la clandestinidad. (se sentó en un sofá que habÃa en la zona) Armarios dobles, camas dobles..., dobles parejas... Y no puedo dejar de pensarlo. Aunque tú me lo pediste. ¿Y sabes por qué? (Aitor negó con la cabeza) Porque yo no tengo ni puta idea de lo que voy a hacer cuando venga Lucas. Pero que tampoco sé que vas a hacer tú. ¿Vas a venir a visitarme a mi domicilio conyugal y... y esconderte en un armario? ¿Eso es lo que queremos?
La siguiente escena muestra a Rita y Montoya, que, desde una furgoneta, este último da ordenes a sus diversos hombres, entre los que están Curtis, Silvia y Sara, pero... esta última... no contesta a la llamada de su jefe en el operativo...
Curtis: (mediante un walkie-talkie) El acceso está controlado, Montoya. Hemos dado aviso a las patrullas de tráfico por si viene algo sospechoso, algún convoy o alguna mierda de esas, cambio
Montoya: Gracias, Curtis. Silvia, ¿cómo vais? (hablaba a través de un walkie-talkie a los diferentes canales de ellos, en los que cada uno representaba a uno de sus hombres. En esta ocasión estableció contacto con Silvia) Silvia, ¿cómo vais?
Silvia: Por aquà todo en orden, Gonzalo
Montoya: Bien, todo el mundo alerta. Sara, ¿cómo vais? (cambiando otra vez de frecuencia)
Aitor: (en el interior de la casa de Bravante) ¿Quieres que te diga lo que voy a hacer cuando vuelva Lucas?
Montoya: ¿Sara?
Aitor: No me voy a ir. No. Ni me voy a meter debajo de un somier. Voy a ir a por tà (señaló a Sara) a piñón fijo..., Sara
Sara: No puedes hacer eso
Aitor: ¿Por qué no? (se llevó por delante unas fichas de ajedrez que tenÃa delante suya, cuando deslizó sus brazos hacia delante) ¿Por qué no puedo? Ya lo estoy haciendo. Lo estoy haciendo porque creo que tú también me quieres. Y si me tengo que pelear con Lucas como un puto perro para quitarle lo que es suyo lo voy a hacer, te lo juro
Sara: ¿Pero qué estás diciendo? (se levantó, asustada por las palabras de Aitor)
Rita: (en el interior de la furgoneta) Deje a la zagalica. ¿Que no ve que está con el sinvergüenzilla, con el Aitor? ¿Que están ahÃ...? (hizo un movimiento con los dedos de las manos, dándoles golpes entre sÃ, imitando a una pareja que estaba en plenas prácticas sexuales. Después se rió, y Montoya miró alucinado a Rita) Bueno, que yo no sé con quien va a ir a la boda, eh, que igual se lo tiene que pensar. Pero esto es una cosa que le estoy diciendo yo asà pero usted no diga ná, eh
Aitor: (en la casa de Bravante) Pase lo que pase tu vida ha cambiado, Sara. Tú ya no estás en el sitio en el que estabas. Ni aunque vuelva Lucas ni aunque te perdone, estás en otro sitio, Sara
Sara: Eso no es asÃ
Aitor: SÃ, eso sà es asÃ
Sara: No, no es asÃ. Yo quiero a Lucas, ¿vale?, me da igual que todo haya cambiado (Sara salió de la habitación, cabreada, y descendió las escaleras, mientras Aitor la seguÃa, para que no se la escapara...)
Aitor: Sara...
Sara: ¡Y no le voy a dejar porque quiero estar con él! ¡Quiero estar con él!
Aitor: Sara
Sara: ¡No le voy a dejar!
Aitor: Sara, Sara, ya está, olvÃdalo (le dijo, mientras la agarraba con un brazo, justo al final de las escaleras por las que descendió, yendo a parar a lo que posiblemente era el salón de la casa), Sara, ven aquÃ, ven aquÃ, eh, ven aquÃ.(intentando calmarla, abrazándola, tras que esta se girara, con cierto desánimo, a Aitor) Eh. Ya está, olvÃdalo, déjalo. Sara, yo no he hecho nada. Mira, vamos a empezar desde el principio, ¿vale? MÃrame, mÃrame. Eh. (mantenÃa la vista baja, y estaba muy tensa, incluso jadeaba) Eh. Ya está. Ignora lo que te he dicho. Tenemos diez dÃas. Diez dÃas para vivir nuestra historia (abrazó a Sara)
Montoya: (en la furgoneta) Oye, y-y... ¿tú quieres venir conmigo a la boda? (le dijo a Rita, que al oÃr esto, menguó la sonrisa que tenÃa hace apenas segundos)
Rita: ¿Yo? ¿Co-con usted? (Montoya le hizo un gesto a Rita corroborando la pregunta de esta última)¿Pero cómo?
Montoya: Pues de... de acompañante... Vam-de... vamos, de pareja (le entró la risa. A continuación dijo algunas palabras más) De llevar la corbata del mismo color que tu vestido, vamos, de... Como una cita. Vamos, juntos, ¿no?
Rita: Sà (dijo, con una sonrisa de felicidad) SÃ, sà quiero. Sà quiero, y además voy de naranja, sà quiero. Sà (Montoya y Rita se echaron a reÃr) Sà quiero (Rita besó a Montoya en la parte izquierda de su cara. Finalmente, Montoya se lanzó y la besó en los labios, para después acabarse besando entre los dos apasionadamente...)
Aitor: (en la casa de Bravante) ¿Sabes una cosa? Que hay... hay mariposas que sólo duran un dÃa. Tienen 24 horas para hacerlo todo. Nacer (dirigiéndose al oÃdo de Sara, mientras la abrazaba, en esa palabra, "nacer") Crecer (Aitor poco a poco fue besando a Sara en diferentes partes de su cara y esta, se quedó inmóvil en el sitio) Buscarse una... una mariposa molona... (besó a Sara en los labios) Una vida entera de mil momentos... (esta vez Sara correspondió a Aitor en los besos)
Sara: Pues entonces nosotros igual. Vamos a aprovechar el tiempo que nos queda (Sara y Aitor continuaron besándose, cada vez con más energÃa)
Aitor: Sara..., escúchame. Que... creo que aquà no es el momento
Sara: Estamos rodeados... y Bravante no va a venir, no va a venir nadie
Esto es todo por esta semana en torno a las frases dramáticas del capÃtulo 101 de "Los Hombres de Paco", "Todo por lo legal". Espero que hayan sido de su agrado. Para la próxima semana, si todo va bien, se expondrán las frases del capÃtulo 102, antepenúltimo de la temporada, titulado "Vengo con tres heridas".
Saludos, paqueros/as
Necesitas ser usuario registrado de FormulaTV.com para comentar en este blog. Conéctate o haz clic aquà para registrarte
Comunidad de blogs de televisión FormulaTV | Aviso Legal | Publicidad